domingo, 14 de julio de 2013

El orden dentro del Caos

Existe un cuento muy antiguo, en donde exploradores del año 2055, gracias a una máquina del tiempo, viajan sesenta millones de años atrás en busca de un dinosaurio cuidadosamente estudiado para poder cazar (Un ser que no viviría mucho tiempo, "un animal sin futuro"). Sin embargo, existía un gran detalle: En aquella aventura nada, exceptuando al dinosaurio, se podía alterar. Nada más se podía tocar, pisar ni matar, ya que eso alteraría el eslabón natural de la evolución; NADA. Es por ello que caminaban por un sendero que dividía la prehistoria de ellos, los ciudadanos del futuro. Cualquier cosa que se alterara, por mínima que sea, podía destruir todos los equilibrios, derribando primero la línea de un pequeño dominó, y luego de un gran dominó, y luego de un gigantesco dominó, a lo largo de los años, a través del tiempo... ¿Qué crees que pasó? (leer cuento completo aquí: El Ruido de un Trueno)
Es el llamado Efecto Mariposa, dentro de la teoría del caos, que explicaría en base a un estado inicial, que la más mínima variación en el mismo, puede provocar que el sistema evolucione en ciertas formas completamente diferentes. Es decir, modificar algo que ya sucedió o intentar lograr algo que no fue, aunque resulte, no sería como antes.
Por todo lo anterior, a continuación escribiré acerca un viaje al pasado, presente y futuro.

Tuve la oportunidad de volver a verte. Debía ser cauta, para no arruinar este azar trivial que parece la vida, que nos volvió a encontrar.  No toqué tus manos, no rocé tu cuerpo...sólo te miré, nos miramos -sin reírnos- y callamos.
Llegó el momento en el que debíamos regresar. En ese instante me dijiste: "vete tu primero, que hay algo que debo visitar" Cuando llegó el momento de pestañar y mirar al mundo, abrí mis ojos con temor pensando que todo iba a cambiar, que ese mínimo encuentro podría marcar nuevamente mi vida.
Nada pasó, todo siguió igual. Incluso, más de lo normal de lo que debería, todo mundanamente en orden. Seguí mi vida cotidiana, casi en estado automático. El mismo trabajo, la misma casa, la misma familia, los mismos amigos. El mismo horario, el mismo sueño, las mismas penas y alegrías; más penas que alegrías, alegrías pequeñas pero bonitas... Uno de esos días, años después, cuando menos lo esperaba, ¡apareciste! Nos re, re, re, re-encontramos. ¿Era esa la señal de que los encuentros anteriores no habían sido en vano? ¿Cambiaría mi rumbo ahora?
Fue en el mismo lugar en el que nos conocimos por primera vez. Estaba todo igual, todo tal como lo recordaba. Tú, estabas igual. Me dijiste lo mismo a mí. Parecía como si el tiempo no hubiese pasado, como si todos esos dolores del alma, no hubiesen existido. Tuve la imperiosa necesidad de abalanzarme con preguntas, qué cómo estás, qué estás haciendo, cómo va tu vida...Con la misma sincronía que sentía yo, que sentías tú.
Hay sensaciones que parecen disfrazarse de sincronías. Yo en ese momento, sentí que el universo se alineó cuando nuestras miradas y sonrisas se encontraron. Habían pasado años, ¿cómo era posible que nos volviésemos a encontrar? Si ya nada nos unía. O eso quería creer yo.
La conversación fluyó de maravillas. De pronto, bajaste la cabeza y miré el paisaje que había detrás de tí...un paisaje extraño y difuso. No fue el mismo que yo había conocido contigo, no venías del mismo lugar.
Pasaron horas de explicaciones y replanteamientos. Discutimos un poco, nos dijimos cosas. De lo que fue, de lo que no fue, de lo que creí, ¿de lo que imaginé? No, de lo que fue. Algo fue, algo había, algo se forjó. De lo contrario, no nos hubiésemos vuelto a encontrar, al parecer, sin querer encontrarnos.
Pero ese paisaje...difuso, con otros colores y otra brisa. Había algo que no encajaba aquí, ahora. Te miré nuevamente y recordé lo que no fue, de porqué no fue, de por qué nuestros caminos no siguieron juntos.
Es verdad, alguna vez logramos retroceder en el tiempo. Pero no se trata simplemente de retroceder, sino de volver a la realidad que dejamos. Nunca volvimos a esa realidad. Lo entendí cuando miré mis pies, miré mis manos y vi mi cara en el reflejo de la poza debajo de mí y todo este tiempo que no pasó en vano.
Puede que mi perspectiva nunca haya cambiado. Pero ahora entiendo lo de los universos paralelos y sus dimensiones, destinados a vivir compartiendo algo en un espacio en común, pero sin saber qué, ni cómo compartirlo, aunque lo tuyo fuese tuyo y lo mío por siempre tuyo y mío. El universo es el nosotros de los otros.
Y volví a cerrar los ojos.

“Tres hermanos viven en una casa: Son de veras diferentes; Si quieres distinguirlos, Los tres se parecen. El primero no esta: ha de venir. El segundo no esta: ya se fue. Solo está el tercero, menor de todos; Sin él no existirían los otros. Aun así, el tercero sólo existe porque el segundo se convierte en el primero. Si quieres mirarlo, no ves más que otro de sus hermanos. Dime pues: ¿los tres son uno?, ¿o solo son dos?, ¿o ninguno? Si sabes cómo se llaman reconocerás tres soberanos. Juntos reinan en un país que ellos son. En eso son iguales”.

lunes, 13 de mayo de 2013

Enfermedades Mentales: frutos de la sociedad


 Cuando mis inquietudes vocacionales me comenzaron a subyugar, fue cuando decidí ir a visitarlo. Al mismo tiempo, podría calmar inquietudes que afloraban en mi mente y lisa y llanamente apaciguar  aquel sentimiento de pesar producto de nunca antes visitarlo. Es que mis padres eran bien ariscos al tema, aún cuando se trataba del hermano de mi papá. “Es sangre de mi sangre, me decía”. Y aún que muchos lo negaran, pues nadie puede discriminar familia, por enfermedades mentales. Finalmente mis pensamientos se corroboraron e intensificaron luego de vivir la tamaña experiencia que narraré a continuación.
Me bajé en la estación de Cerro Blanco, luego caminé por Santos Dumont hacia Independencia, casi segura de que iba en la dirección correcta. Para alivio mío, me topé luego de caluroso caminar, con avenida la Paz y luego doblé hacia la izquierda, tal cual como me había indicado el guardia del Metro. Y sí, había llegado, ahí estaba frente a mí el Instituto Psiquiátrico Dr. José Horwitz Barak. Por causas que sólo se las atribuyo a la suerte, diez minutos más tarde recorría sus largos, tenebrosos y oscuros pasillos, tratando de hacer hora ya que mi tío estaría disponible aproximadamente en 2 horas más, según había leído en un cartel de horarios de visitas.
Y así me fui internando cada vez más, hasta llegar a los patios y divisar gente. Decidí acercarme y mirar qué hacía cada uno. Sentado junto a una radio, se encontraba un anciano que sostenía una Biblia y hablaba algo sobre la salvación, mientras una joven cabizbaja lo escuchaba atentamente. A la derecha de ellos, en una sala con amplias ventanas, divisé a un grupo de personas sentadas en círculo escuchando a un seguramente profesional médico que leía el diario. Preferí no consultar acerca de todo lo que veía, pues sabía que no era fácil acceder a estos lugares, así que, con sigilosa curiosidad pude enterarme de las distintas terapias que allí se imparten. Como el caso de la “terapia de actualidad” en donde efectivamente la persona que leía el diario era una enfermera que se encargaba de poner en contacto con el mundo exterior a los pacientes como forma terapéutica. También, en los pasillos exteriores colindantes, en donde abundaban murales al parecer hechos por ellos mismos, pude averiguar acerca de otras terapias, esta vez lo hice acercándome a Juan alías el Poeta, paciente del Instituto que me inspiró confianza, arriesgándome a una mala aceptación. Se llamaba Juan y escribía algo desesperado sobre unas hojas amarillentas.
En un comienzo fue reacio a contestar mi saludo, no me miraba, de hecho nunca me miró. Pero con paciencia y delicadeza, pude establecer una conversación que me hizo entender dónde verdaderamente me encontraba.
“A cualquiera le puede pasar”. Me contestó cuando le preguntaba desde cuándo estaba internado en esta clínica. Por lo que pude entender, allí había gente internada por largos períodos, incluso décadas. Mas, no por su eventual gravedad mental, sino por  abandono de sus familiares; no tienen a dónde ir o esperan eternamente que alguien vaya por ellos.

Ahora pude entender su frase. La sociedad o el medio en donde nos desenvolvemos gatilla muchas veces una enfermedad psiquiátrica…Mejor decidí sacar papel y lápiz y comenzar ha registrar todo el mundo que estaba descubriendo. De pronto, Juan apuntó a un grupo de personas que bailaban en una sala continua, que según él estaban en “terapia de fiestas o música”, allí, en el Sector 2. Se percibía un ambiente ameno, por lo menos todos esbozaban una sonrisa. Algunos bailaban, otros cantaban, y de hecho otros se besaban apasionadamente. El Poeta me explicó sabiamente que muchos se enamoraban, estableciendo relaciones duraderas, así como también existían muchos “Don Juanes”, siempre en busca del amor.
Cuando accedí a regalarle un par de cigarros,  que según el necesitaba imperiosamente, logramos entablar más confianza. Allí  Juan comenzó a hablarme de su vida dentro del hospital. Me dijo que pasaba horas en talleres de jardinería o artesanía y una vez al mes participaba en obras de teatro (otros tipos de terapias);  pero la mayor parte del tiempo la pasaba escribiendo poemas. Me confesó que sufría bipolaridad asociada a un cuadro depresivo, pero que ya se encontraba estable y normal. “Porque la rehabilitación implica nacer de nuevo, así que yo no estoy loco” Me dijo con gran énfasis.

Me parecía extraño cómo un hospital psiquiátrico podía transformarse en toda una sociedad, donde convivía gente bipolar, esquizofrénica, con trastornos de personalidad, suicida, hasta incluso homicidas que, sin embargo, lograban desenrollarse sin conflictos y más aún muchos, alcanzando la felicidad. No sabía a qué atribuirlo, pero de lo que sí estaba segura, era del vínculo crucial que determina al ser humano: la sociedad y las emociones.
*
Cuando le pregunté por la gravedad mental que alcanzan algunos, frunció el ceño. Me confesó que había gente muy loca, que se encontraba en la “unidad judicial”, en donde se atendían a los que pasaban a crisis peligrosas y terribles. Intuí entonces que las camisas de fuerza o pabellones aislados existían y que los cuestionados “electroshock” eran cosas de todos los días. Pero me confesó que en este último caso, se podía acceder más fácilmente, pues eran benéficos para su salud. Aproveché de preguntarle acerca de los profesionales que trabajaban aquí, que qué les decían acerca de los electroshoks, pero no quiso referirse más al tema.
Minutos más tarde Juan tenía que ir a tomarse sus respectivos fármacos, pero antes de irse me dijo con firmeza “Los Humanos nos enfermamos de lo Humano, recuérdalo” y me arrojó hojas con sus poemas. Yo sorprendida miré a la enfermera que lo sostenía, la cual me miraba con cara de no saber quién era yo. Fue ahí cuando me acordé que mi verdadero fin era ver a mi tío Miguel. La enfermera se extrañó de mi fácil ingreso y que nadie notara mi presencia; aún así me dirigió a una especie de recepción. Rápidamente realizó una llamada telefónica preguntado por el paciente a quien yo buscaba. Así me enteré que dicho paciente ya no se encontraba aquí, que lo habían derivado a una clínica “menos rigurosa”, una especie de estancia o asilo fuera de Santiago.
Me vi en la obligación de hacer una serie de trámites de identificación antes de dejar aquel místico lugar. De hecho tuve que llamar a mi madre –que nada sabía de mi travesía- para que me fuera a buscar. Cuando me subí al auto, me di cuenta del mundo privado que sucedía dentro del hospital. Un mundo en donde se ayudaba a compartir y al mismo tiempo se protegía a los pacientes. Sin embargo, dicha protección los aislaba de la realidad, pensaba. Aunque dicha realidad, fuese cruda y que era fiel reflejo de nuestra sociedad discriminadora e intolerable con los enfermos mentales. Y sólo internándome en esta comunidad, pude darme cuenta.   

Mi madre no hablaba, produciéndose un silencio incómodo. Nos internamos en la Auto pista y la mudez fue rota cuando le pregunté hacia dónde nos dirigíamos. Ella me respondió lánguida: “A ver a tu tío Miguel”.


                                                                                                         E.M.S 2006

lunes, 7 de noviembre de 2011

Qué

Qué es lo que quieres de mí, dime
Qué es lo que quieres de mí, responde
Qué es lo que quieres de mí, con lo que quitas de mí

Qué quisiste de mí, ahora.
Qué quisiste de mí, cuándo
Qué quisiste de mí, cuando estuvimos allí

Qué es lo que quiero de tí, digo
Qué es lo que quiero de tí, si
Qué es lo que quiero de tí, si no te tengo aquí
si no estuviste aquí
si nunca estuviste ahí.

martes, 1 de noviembre de 2011

“Sin salir por la puerta se puede conocer el mundo. Sin mirar por la ventana se puede conocer el camino del cielo. Cuanto más lejos se va, tanto menos se aprende. Por eso el sabio sabe sin desplazarse. Entiende sin ver. Realiza sin hacer.” (Lao Tsé)

domingo, 30 de octubre de 2011

Rapsodia Macabra

El aguacero se anuncia antes de precipitar, gracias a la nebulosa que se siente en el interior de la mácula. Luego el silencio se confunde con la somnolencia para el turno primeriso de los sueños, que no conllevan a ningún lugar. La desesperación cae, como un abismo aterrador, se aferra de aquellos hilos sin poder zafar. Ya abajo se siente el estupor, hasta la llegada del clímax, con racconto y arrebato, que confunde los sonidos imaginarios, amplifica la intensidad y acelera el tiempo. Cuando pasa, se vislumbra el jaque amenazador. No hay respuestas, escapes, consuelos, cariños, anhelos, nada. Hay nada en la nada. Por fin, al fin. Fin.

martes, 5 de julio de 2011

Aquella mujer

Al fin pude conseguir el asiento junto a la ventana. Me dirigía a un lugar desconocido por lo que necesita ir verificando las coordenadas que me habían indicado. Creo que iba bien encaminada, pero el viaje se me hacía eterno…de pronto, el autobús enlenteció la marcha. Me asomé y vi que un hombre que agitaba su mano era el causal de ello. Él, al parcatarse que se detendría, dio media vuelta y abrazó a una mujer que estaba detrás. Y la besó apasionadamente. Al parecer se despedían.

Era ella quien abordaría el bus. No pude evitar seguirla con la mirada, pues el asiento en el cual me encontraba me permitía una vista panorámica. Coqueta ella, con una sonrisa de en par en par, desesperada buscaba por la ventana el rostro de su amor, tratando a la vez de mantener el equilibrio ya que el bus ya iba raudo y veloz. Hasta que lo perdió de vista. Pasaron unos 5 minutos y el bus volvió a parar. Esta vez subieron varios, yo a esas alturas, estaba desesperada por querer llegar a mi destino. Sin embargo, algo me llamó la atención. Uno de los nuevos pasajeros, se ubicó de tal forma que no le quitaba los ojos de encima a la mujer que había subido hace un rato. Aquella mirada capaz de decirlo todo…ella por supuesto se percató, pero en vez de eludirlo, lo miró fijamente, esbozando una sonrisa. Y fue allí cuando se acercaron un poco más, tomando por escusa el vaivén del viaje. Algunas palabras comenzaron a intercambiar. Monosílabos que iban y venían, justificando el deseo de contactar sus labios. Pues así lo hicieron, por largo rato de movido viaje, siendo yo la única testigo fiel, de aquel encuentro casual.

Nueva Sección: Historias de Calle

La calle, el barrio, la ciudad, el transporte público, metro...todo tiene una historia particular cada día. Una historia que para mí no puede pasar desapercibida. Y así a sido desde siempre, porque soy inquieta por naturaleza, curiosa por defecto y una convencida de que en la calle, el contacto con nuestro alrededor, con nuestra realidad, es lo que de verdad nos hace ser buenos seres humanos. Mirar, siempre mirar.

Claro está, cada historia no estará privada de fantasía, que no es más que el reflejo de la percepción que genera en mí lo que ví.

Espero opiniones.

martes, 31 de mayo de 2011

Hagamos un trato...

La vida es un trato. Un trato inconcluso producto de las contradicciones. Porque como árboles que se despojan de sus hojas en invierno y se abrigan en verano, desviamos la mirada cuando nos cruzamos. La noche está de día y la oscuridad me ilumina. Hasta que llegue aquél con la estipulación, a plazo fijo. Y ahí comenzará el trato.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Eres

Eres porque estás en mí y me quedo contigo para que te quedes conmigo. Porque compartiendo ansias y ansiosos de compartirnos, querremos querernos e ir mirando las miradas, acariciando las caricias, besar besándonos, deseando desearnos... Podremos extrañar extrañarnos, dejando el dejar y pensando pensar proponiendo propuestas o escuchando escucharnos. Así, admiraremos admirar, soñando soñar y reinventando inventar para luego buscando buscar y compartir compartiendo risas risueñas, llantos llorosos, penas penosas, alegrías alegres o tardes tardías...

jueves, 29 de julio de 2010

el tiempo es inventado

Detenerse a observar el Alba, es presenciar un Anochecer. Arreboles del Tiempo son los meridianos inventados por convención e impuestos por costumbre.
Quisera controlar el Tiempo, para que abandone su marcha sosegada en la vejez o aliviane nuestra lozanía. Así, la imaginación sería el motor de nuestros días con respiros, pausas, consuelos.
Le otorgaría tiempo al Tiempo para cumplir promesas o alcanzar sueños. Y como éstos ya no existirían, crearía para volver a creer en los imposibles y volvernos a engañar.

lunes, 19 de abril de 2010

lo mucho es poco.

Cuando sentimos un vacío, tratamos de compensarlo de alguna u otra manera. Llenar ese vacío parece fácil, puesto que nos refugiamos -generalmente- en lo primero que se nos cruza por delante.
Sin embargo, ¿qué pasa cuando no hay vacíos? ¿Qué pasa cuando nada falta? ¿Qué hacemos con eso, que incluso aveces es excesivo?
Es bueno replanteárselo de vez en cuando.

jueves, 4 de marzo de 2010

Extracto de lo que le dijo el doctor John Brown a Tita:

- Como ve, todos tenemos en nuestro interior los elementos necesarios para producir fósforo. Es más, déjeme decirle algo que a nadie le he confiado. Mi abuela tenía una teoría muy interesante, decía que si bien todos nacemos con una caja de cerillos en nuestro interior, no los podemos encender solos, necesitamos como en el experimento, oxígeno y la ayuda de una vela. Sólo que en este caso el oxígeno tiene que provenir, por ejemplo, del aliento de la persona amada; la vela puede ser cualquier tipo de alimento, música, caricia, palabra o sonido que haga disparar el detonador y así encender uno de los cerillos. Por un momento nos sentiremos deslumbrados por una intensa emoción. Se producirá en nuestro interior un agradable calor que irá desapareciendo poco a poco conforme pase el tiempo, hasta que venga una nueva explosión a reavivarlo. Cada persona tiene que descubrir cuáles son sus detonadores para poder vivir, pues la combustión que se produce al encenderse uno de ellos es lo que nutre de energía al alma. En otras palabras, esta combustión es su alimento. Si uno no descubre a tiempo cuáles son sus propios detonadores, la caja de cerillos se humedece y ya nunca podremos encender un solo fósforo.

“Si eso llega a pasar el alma huye de nuestro cuerpo, camina errante por las tinieblas más profundas tratando vanamente de encontrar alimento por sí misma, ignorante de que sólo el cuerpo que ha dejado inerme, lleno de frío, es el único que podría dárselo”.

Como Agua Para Chocolate, Laura Esquivel.

jueves, 14 de enero de 2010

Hierba mala nunca muere

Delante de un espejo, nos vemos reflejados pero no el alma, que lo guarda todo, que succiona todo. Gota a gota escurren los pensamientos pues existe libre albedrío para aquellos que dañan el alma. La gente se destruye, se derrumban castillos, se pudren los árboles. Para peor, absolución para lo malo, castigo para lo doliente.
Ciénagas poseen más alma que tú, a quienes subestimasteis.

domingo, 3 de enero de 2010

La hormiga (Pavel Vodnik)

Un día las hormigas, pueblo progresista, inventan el vegetal artificial. Es una papilla fría y con sabor a hojalata. Pero al menos las releva de la necesidad de salir fuera de los hormigueros en procura de vegetales naturales. Así se salvan del fuego, del veneno, de las nubes insecticidas. Como el número de las hormigas es una cifra que tiende constantemente a crecer, al cabo de un tiempo hay tantas hormigas bajo tierra que es preciso ampliar los hormigueros. Las galerías se expanden, se entrecruzan, terminan por confundirse en un solo Gran Hormiguero bajo la dirección de una sola Gran Hormiga. Por las dudas, las salidas al exterior son tapiadas a cal y canto. Se suceden las generaciones. Como nunca han franqueado los límites del Gran Hormiguero, incurren en el error de lógica de identificarlo con el Gran Universo. Pero cierta vez una hormiga se extravía por unos corredores en ruinas, distingue una luz lejana, unos destellos, se aproxima y descubre una boca de salida cuya clausura se ha desmoronado. Con el corazón palpitante, la hormiga sale a la superficie de la tierra. Ve una mañana. Ve un jardín. Ve tallos, hojas, yemas, brotes, pétalos, estambres, rocío. Ve una rosa amarilla. Todos sus instintos despiertan bruscamente. Se abalanza sobre las plantas y empieza a talar, a cortar y a comer. Se da un atracón. Después, relamiéndose, decide volver al Gran Hormiguero con la noticia. Busca a sus hermanas, trata de explicarles lo que ha visto, grita: "Arriba...luz...jardín...hojas...verde...flores..." Las demás hormigas no comprenden una sola palabra de aquel lenguaje delirante, creen que la hormiga ha enloquecido y la matan.

domingo, 29 de noviembre de 2009

ver para creer

He visto tantas cosas en mi vida, como tantas de las mismas que no he visto; algunas se las llevó el recuerdo. Entonces verdaderamente nunca las ví.

jueves, 12 de noviembre de 2009

Existen cosas imposibles... y tú.

Llévame lejos, por lugares naufragados de aquellos que perdieron algo al igual que nosotros. Al igual que nosotros, escapemos de todo, recorramos nuestro mundo inventado, con un rinconcito para cada uno. Que nada se interponga al encontrarse de pronto en medio de la nada, sin nadie, sólo los dos y escuchar el silencio, detener el tiempo, ver en la oscuridad...consigamos un pasaje a las nubes con dirección al infinito. Tómame la mano y no me sueltes nunca, mientras bajamos de aquellas montañas tan altas que existen por allá, llamadas Ilusiones.

domingo, 25 de octubre de 2009

Estaba escrito

Por momentos se puede ver, reflejados en otras personas, otras que conocimos alguna vez. Pues a veces se parecen. Es el efecto de los recuerdos. Con ello, es que se puede relacionar, aunque no sé si sea óptimo. Ojalá a todos les pasara y así reencontrarse alguna vez.
Lo malo ahora se entiende (cuando ya es tarde) porque la vida es lineal y continua. Todos tenemos miedo a desafiar la línea, ¿y por qué no? Lo que de verdad debería causarnos miedo es la frustración. Frustración de saber que se puede cambiar el rumbo de las situaciones y no lo hacemos por seguir la línea. Como si debiese estar escrito.
¿Por qué buscamos la perfección, si la vida está llena de errores? Si al equivocarnos aprendemos; decimos: “¡nunca más!”; ¿Por qué no vivirlo de nuevo? Si todo anduviese mal, ya sabríamos lo que pasaría. Claro, no sería igual pero por lo menos estaríamos rescatando lo bueno, cultivando aquello que nos hacía tan bien. Y eso nos evocaría volver a intentarlo...

jueves, 22 de octubre de 2009

si he sufrido he vivido

He sufrido y por ello he llorado, he sufrido días, noches y en silencio. ¿Qué es un sufrimiento sin llanto? He sufrido con cada lágrima, sollozo, ahogo, dolor. He sufrido como todos, como nadie, como muchos, como tú. He sufrido tanto que ya ni recuerdo, tantas penurias como gozos. He sufrido y estoy sufriendo, pesares, amarguras, se siente, se huele y no se puede evitar. Existen sufrimientos peores o muchos que se han sentido como yo, sin embargo, el mío es sólo mío; yo lo he vivido. Nadie sabe cómo verdaderamente se sufre, ni yo sé, la razón sí, aveces, se repite, y desgasta. He sufrido pero no aprendido, de los errores, de los traumas, de las heridas que se abren, de los gestos, de los no gestos, generalmente. Aveces trato de no sufrir, de engañarme, no tiene tanta importancia, no. Prefiero vivirlo, que dure lo que tenga que durar, botarlo, transformarlo, sacarlo, que no esté más. Y olvidarme, eso sí: olvidar... después de todo eso se puede porque si he sufrido es porque he querido.

sábado, 17 de octubre de 2009

La Inspiración

La inspiración no respeta reglas ni horarios, simplemente llega cuando se le place , desahogando su sed de expresión.
Avasalladora es capaz de todo, con pasión o dolor, con tal de cumplirse y no mide consecuencias ni reparos.
Inspiración es hacer por hacer, dejar todo de lado. Experiencias de vida parecen ser su propia inspiración: la inspiración de la inspiración.

Musa inspiradora, madre del Firmamento, fundadora de todo lo inocuo. Ha de ser perfecta, pues algo inspirado debe ser bueno.

Inspiración es originalidad, irrepetible, nunca será igual. Así como llega, se va . Y para siempre.

martes, 25 de agosto de 2009

Para ella

No quiero pensar en lo que pasará mañana, cuando al despertar ya no estés conmigo físicamente.
Es incríble como cambia la vida en un instante. Es difícil llevar este dolor, que no supera el tuyo acumulado por años. Qué saco con llorarte si eso nunca lo quisiste. Ahora viene el cargo de conciencia. Pero tú tranquila que por primera vez no estoy yo primero. Pero tarde me di cuenta. Y supongo que así pasa, en esto de sube y baja y finidad misma. Ahora pienso en la comodidad de mi existencia, acostumbrada a tenerte para qué, si en realidad no estaba contigo. Mejor pensarte que lamentarte...el tiempo pasó muy rápido y nos estancamos. ¿Por qué no pude darte un poquito de mi vida? Cuando todo pase, al releer esto remomeraré el sentido de mis lágrimas, para que en el fondo pueda compensar tamaño cariño. Y encontrar la ansiada paz de nosotras, de muchos, de todos. Ésa que tu tanto merecías. Esto no lo escribo pensando en que ya no estás, si no para que estés, siempre.

sábado, 1 de agosto de 2009

¿Por qué vemos películas?

El cine, más allá de la técnica, es el arte de entregar un espectáculo y narrar una historia interpretada por actores. Hablamos entonces de una película como derivación del mismo.
Y bien, más allá de las técnicas de narración y filmación, de los detalles de producción o de las bases que sustentan un celuloide, quisiera centrarme en algo tan cotidiano como inverosímil: ¿Por qué vemos películas?

Hace unos días, conversaba con unos amigos sobre aquellas películas buenas para recomendar; e intercambiamos varias: ésas que se graban en la retina, que dejan "marcando ocupado", que hacen llorar, que sorprenden con el final, etcétera. Así pues casi todos coincidíamos que las mejores eran aquellas que, siendo de ficción, mostraban historias truculentas, aveces difíciles de procesar, pero que nos identificaban. De manera que, al comentar una película, comenzábamos a creer que algún día lo mismo nos podía pasar o que responderíamos preguntas que siempre quisimos avalar.

Lo fantástico de todo está en la realización. Una historia puede ser muy buena (entiéndase ésta como un guión), no obstante resultar fuera de taquilla debido a su bajo costo de producción. Análogamente, encontramos el caso del Cinearte que más que centrarse en fines comerciales, lo hace hacia la libertad de expresión, con tamaña creatividad, que lamentablemente suelen volverse difíciles de comprender.

Le fabuleux destin d'Amélie Poulain

En suma, una buena película en términos de éxito y seguimiento de masas, para considerarse precursora debe conjugar historia creativa, producción e identificación. Redondeando, cómo y por quién es contada la historia.
Pasa también por un cuento de fotografía. Es decir, el encuadre de las escenas, los colores, enfoques...
Ahora bien, son pocas las ocasiones en las que nos cuestionamos qué nos mueve procesar historias (más allá del fin de ocio). ¿Nunca han pensado qué ganamos presenciando hechos? ¿Qué buscamos? ¿Identificarnos?
Más allá del hecho de atender y prestar nuestros sentidos, sinceramente creo que todo gira en torno a la inquietud humana por expresarse y vivir adaptados a una sociedad o entorno que no nos acomoda.

En base a todo lo anterior, podemos afirmar que una buena película puede ser calificada como tal. Del mismo modo en cuanto a las realizaciones personales; pues una película bien contada prospera.

Lo bueno de todo esto es que la creatividad es sinónimo de infinidad. Al fin y al cabo pese a ser meros espectadores algo de razón y participación tendremos...Afuera todavía hay muchas historias que contar.

martes, 14 de julio de 2009

Caminos

La mayoría de los caminos conducen a algún lugar o final. Sin embargo, hay de otros que se quedan a medio camino, que eligen un segundo andar o que simplemente desisten.
Existen tipos de caminos como caminantes al pasar. Todos tienen algo en particular, pues depende de las circunstancias en las que están. Éso es lo que verdaderamente los hace especiales. Se puede ir acompañado, de la mano, solo, a paso lento, apresurado, tranquilo, preocupado, nervioso, decidido, con frío, con calor, con hambre, con sed, pensando hacia dónde ir, pensando qué hacer, mirando hacia adelante, mirando los pasos y sentir la brisa o aveces la ciudad. También están los caminos oscuros, que van sin rumbo...simplemente van.
Aveces pareciera que el tiempo se detuviese. Como un flashback, la retrospectiva se torna difusa; se retrocede pero a la vez se avanza. Peor si se vuelve a caminar por aquellos lugares que alguna vez visitasteis. Aquellos que te rememoran situaciones, olores, personas, colores sea como sea, vayas como vayas. Y bueno, uno no puede elegir qué recordar, qué olvidar...
El entorno, paisaje inspirador, nos lleva a pensar la infinidad del todo, lo pequeño que somos, lo insignificante de esto , la pureza de aquello. Así vamos recorriendo el destino mismo.
En fin, lo curioso es que con tanto séquito y caminar, no nos damos cuenta cuando ya estamos en nuestro lugar.

domingo, 26 de abril de 2009

el cuenta cuentos

Te cuento que cuento contigo para que me cuentes un cuento de esos que le cuentas a todos. Y cuando hables yo me sienta encantada de escuchar ese cuento, ya que es contado por el contador más encantador. Pero, ¿y qué, si lo tuyo era puro cuento?

viernes, 17 de abril de 2009

RESILENCIA

Mi personalidad -haciendo un previo análisis a las situaciones vividas- no es del todo residente en función los factores que se les confiere. Sin embargo, lo que sí existe es la capacidad de aprender de lo problemático o más bien tratar de no caer en ello nuevamente. Por todo lo anterior, mi resilencia tendría un grado menor de fortaleza (medianamente resilente).
Creo que las circunstancias para solucionar o superar problemas se me han otorgado, pero todo queda en nada cuando la perspicacia o seguridad propia se ve menoscabada. Aunque no posea previa información de si algún factor predomina más que el otro, particularmente.

lunes, 12 de enero de 2009

La Tierra y La Luna (dedicado)

Si yo fuera Luna Llena, no te dejaría dormir. Si fuera la Luna, alumbraría tu rostro a mitad de madrugada. Extrañado me mirarías pero no te encandilarías. Porque yo de apoco me movería, más cerca, más cerquita, haciendo tierra en aquellas tierras tan lejanas. Pues dice la leyenda que alguna vez al unísono, fueron regocijados el uno por el otro; pecho con pecho, con las piernas entre las suyas.
Yo, Luna, latente contra ti. Mas poco duró ese acorde. Hubo algo que me hizo despertar y de repente reprocharte. Salí disparada lo más lejos que pudiese, pero mi pequeño cuerpo a la altura tuya, poco podía. Quisiera o no, había quedado soslayada; un poco lejos, un poco cerca. Como si aquella altanería pudiese dominarme.
¿Por qué tan presumido? Si sabes que siempre estaré juntito a ti, girando en torno a ti. Hay de veces en las que no aguantaba y te iluminaba para que me vieses, lo que más pudiese. Un día, de tanto destello alcancé tus mareas que como vellos de tus brazos se alzaron hacia mí... ay de mí.
Pero arranqué. Arranqué y me escondí. Todo quedó en penumbras. Tú estabas un poco desorientado y no por eso me buscaste. Al contrario, te aprovechaste: ¡Me subestimaste!... sabiendo todo lo que me gusta la noche, coqueto sí, me hiciste ascender desde tus montañas.
Y al fin viste mi lado cubierto. Ese día se produjo una hecatombe, el mar y el cielo se amigaron y la arena como tal remolino deshizo la sal y al final se hizo helada. Con todo, y ante todo pronóstico, aunque nadie lo imaginase estuvimos juntos otra vez, aquella vez, segunda vez… Última vez. Puesto que de pronto apareció una luz, pero no aquella azul que yo emanaba. Sino una que de verdad irradiaba. Pues se acercó aquella grandeza con sus grandes vástagos de cabellos dorados y ondulados apartándome a un extremo. Incluso me achicó un poquito.

Sufrí el destierro de controlar el tiempo para verte. Luego, mi luz se convirtió en sombras. Fue entonces cuando me percaté que ya no te inspiraba. Te alojaste en esa careta, fruncida y regordeta que quería todo de ti y a la vez nada.


Por eso la Luna ya no quiere ser parte de la Tierra.